On Fri, 25 Feb 2022 21:07:38 -0800 (PST), Iv�n Valarezo <
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Que bo est� o rabo do porco.
S�bado, 26 de Febrero, 2022 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoam�rica
(Cartas del cielo son escritas por Iv�n Valarezo)
Hoy: La voluntad del PADRE es perfecta permanentemente contigo, bautizado, pues parado estar�s como Isaac con �l en su LUGAR SANT�SIMO, Enriqueci�ndote:
Por su gracia, nuestro Padre celestial pod�a ver a sus hijos de familias antiguas y modernas naciones que estaban hambrientas y sedientas en la tierra, por cuanto, Satan�s junto con la muerte y �ngeles ca�dos impon�a su voluntad de tinieblas, y as�,
ellos siempre fallen al conocer el santo nombre fuegos de nuestro Padre celestial que tiene poderes curadores. Ciertamente, nuestro Padre celestial ve�a a Satan�s y su hambruna llevando a la humanidad entera hacia el desierto de Sina�, en donde no hay
vida alguna jam�s, con falta de agua y de alimentos para sus hijos vivir su vida normal en la tierra, para conocerlo a �l, a su Hijo Jesucristo y a su Esp�ritu Santo: aliment�ndolos con su abundante bien cotidiano siempre.
Ciertamente, nuestro Padre celestial pod�a ver que sus hijos, empezando con Ad�n y Eva, se hab�an convertido en el �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara del desierto de Sina�, fallando en renacer, para comer y beber de �l, su Hijo Jesucristo y
su Esp�ritu Santo, como man� y bebidas de la roca de salvaci�n del cielo arriba para vivir nuevamente. Y este �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, era su Hijo Jesucristo junto con Ad�n y Eva en necesidad de rescatar a sus hijos para ver vida
nuevamente en el desierto de Sina�, renaciendo milagrosamente, recibiendo finalmente Los Diez Mandamientos de Israel y de Mois�s para amar, servir y honorar el santo nombre fuegos de nuestro Padre celestial, en Cana�n, para salvaci�n eterna.
Sin embargo, para nuestro Padre celestial tener el �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, renaciendo como Ad�n y Eva viviendo nuevamente con sus hijos de familias antiguas y modernas de las naciones, entonces, �l necesitaba a Abraham sentado con
�l, participando del pan y vino de la Mesa del Se�or, servida por su Hijo Jesucristo como Melquisedec, rey de Salem (Jerusal�n antiguo). Aqu� es cuando, nuestro Padre celestial, sentado con Abraham y junto con sus 318 hijos adoptados (comprados con
dinero de extra�os), entonces, �l empez� un nuevo convenio de vida con naciones antiguas y modernas para vivir nuevamente en la tierra entera, porque su �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara iba a renacer del vientre est�ril de Sarah, por poderes
de su Esp�ritu Santo.
Definitivamente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos naciendo de Cana�n, tierra santa, en donde el pecado jam�s existi�, y as�, ellos se sienten con �l a su Mesa santa, que ser� su mesa hogare�a, comiendo de su pan y vino con su Esp�ritu
Santo, logrando as� �l ejecutar su voluntad perfecta con ellos junto con sus amados, enriqueci�ndolos grandemente siempre toda una vida entera. Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba a Israel inicialmente comiendo de su pan y vino, como su misma
carne sagrada, huesos inquebrantables y sangre con vida para cada hijo suyo de familias antiguas y modernas de las naciones, trayendo as� riquezas diariamente sobre la tierra desde el cielo, Cana�n y otros lugares celestiales, enriqueciendo a sus hijos
para enriquecer su santo nombre fuegos siempre con ellos.
En otras palabras, nuestro Padre celestial construy� su Templo para vivir con sus hijos por siempre amado, honrado, glorificado y exaltado en la eternidad, pero empezando en el desierto de Sina�, como construyendo su nuevo hogar de cenizas de sus hijos
para ver vida en Cana�n: vi�ndola con su carne, su sangre expiatoria y con perfecci�n y vida de riquezas de su Esp�ritu Santo. Ciertamente, nuestro Padre celestial va a conquistar nuevas riquezas, glorias y poderes jam�s tocados por el pecado en la
eternidad con su nuevo dulce hogar, su Sinagoga de Jerusal�n en su Lugar Sant�simo, en donde Satan�s, el pecado, la muerte y el infierno fueron derrotados, conquistando su nueva tierra con sus hijos renaciendo en �l �nicamente conociendo amor, paz,
gloria y grandezas interminables una eternidad.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba empezar su nuevo reino de amor eterno, paz y gloria con cenizas de sus hijos de naciones antiguas y modernas, clavando a su Hijo Jesucristo a manos y pies de ellos, accediendo la Sinagoga de Jerusal�n en
su Lugar Sant�simo, rompiendo su cortina hasta el piso, para vivir finalmente con �l en perfecta santidad toda una vida entera, eternamente enriquecidos. Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba conocer a sus hijos de naciones antiguas y modernas en el
desierto de Sina�, otorg�ndoles a ellos no solamente su santo nombre fuegos, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, pero igualmente, otorgarles sus santos mandamientos de vida eterna, para ser obedecidos por ellos enteramente por el
desierto, finalmente derrotando a serpientes venenosas de Satan�s infinitamente.
Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos redimidos del desierto de Sina� para renacer de �l, comiendo de su Mesa santa pan y vino, servida diariamente por su Hijo Jesucristo en la gloria celestial para sus �ngeles, pero igualmente, en
la tierra entera, logrando as� que sus hijos sean perfectos y santos, as� como �l le prometi� a Abraham inicialmente vida eterna, siempre enriquecida. En verdad, nuestro Padre celestial no solamente necesitaba rescatar a sus hijos del pecado, la muerte y
el infierno tormentoso, pero igualmente, �l necesitaba levantar su Sinagoga de Jerusal�n con su Lugar Sant�simo, para rescatar a sus hijos de familias de naciones antiguas y modernas de toda la tierra en su nuevo dulce hogar, en donde el pecado jam�s
existi� en la eternidad.
Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos de las naciones, derrotando a serpientes venenosas de Satan�s, en el desierto de Sina�, abandonando el mundo pecador para descender a su coraz�n, esperando por el Mes�as nacer de la hija virgen
de David, para derrotar a Satan�s, pecados y la muerte en su carne sagrada, en Cana�n, y finalmente vivir todos juntos con �l, eternamente justificados. Considerando que, este es el reino glorioso de amor eterno de nuestro Padre celestial, so�ando
poseerlo �l con su Hijo Jesucristo y con su Esp�ritu Santo, bendiciendo no solamente a Ad�n y Eva junto con sus hijos naciendo de las naciones antiguas y modernas en necesidad de vivir nuevamente, pero volver a la vida que realmente los ama a ellos una
eternidad entera, en Cana�n.
Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos nuevamente en el para�so, en donde �l vivi� con Ad�n hasta que Eva enga�ada por la serpiente, comi� del fruto prohibido, del �rbol de la ciencia del bien y del mal, enga�ando tambi�n a sus hijos por
nacer, hasta que su Hijo Jesucristo naci� como Isaac del vientre est�ril de Sarah para conocer la verdad postreramente. Francamente, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por el Esp�ritu
Santo, porque �l necesitaba a sus hijos de las familias de naciones antiguas y modernas: conociendo la verdad, el camino y la vida para regresar a �l en la gloria angelical, eternamente justificados, confesando su santo nombre fuegos, bautiz�ndose en
agua en la tierra finalmente.
Firmemente, este bautismo en agua fue importante para nuestro Padre celestial verlo en cada hijo suyo de Israel y de familias de las naciones antiguas y modernas, abandonando la carne pecadora y el esp�ritu de error por la carne sagrada y el Esp�ritu
Santo, participando siempre con �l: pan y vino de su Mesa santa, que enriquece cada vida cotidianamente en la tierra entera siempre. Entendiendo que, nuestro Padre celestial necesita enriquecer su nuevo reino de amor enteramente, por ende, al enriquecer
su carne sagrada y su Esp�ritu Santo en sus hijos, recibi�ndola instant�neamente, bautiz�ndose en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre, entonces, su riqueza fluir� en ellos continuamente hasta que la humanidad entera sea enriquecida, para �l
reinar en la tierra, conquistando m�s riquezas en la eternidad.
Ciertamente, el reino de nuestro Padre celestial es un reino de amor y de riquezas interminables, bendiciendo a sus hijos de Israel y de naciones antiguas y modernas, siempre conquistando nuevas riquezas, glorias y poderes interminables, honr�ndolo a �l
junto con su santo nombre fuegos, cuando Satan�s busca empobrecer la humanidad entera, ofendiendo su santo nombre nuevamente, as� como lo hizo inicialmente en el cielo. Sinceramente, nuestro Padre celestial necesita enriquecerte a ti junto con tus amados,
vecinos y amistades en la tierra, porque es por ti, que �l lograra enriquecer a todos alrededor de ti, lejos y cerca de ti, finalmente honr�ndolo a �l y a su santo nombre, que Satan�s junto con sus �ngeles ca�dos amar�a deshonrarlo nuevamente, as� como
ya sucedi� alguna vez en el cielo arriba.
Diab�licamente, Satan�s tenia a la humanidad entera ya muerta en el desierto de Sina� con su hambruna eterna, porque no existe vida alguna all�, excepto sol y arena con calores incre�bles en sus d�as, siempre evaporando aguas llegando en sus contornos,
que t� eras aquel yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, sin poder beberlas jam�s ni menos bautizarte en ella, hasta que Mois�s lleg�. Mois�s vino, mientras t� estabas tendido cerca de aguas amargas de Mara, para beber de ella, finalmente para
bautizarte en agua, y vivir nuevamente en Cana�n: porque bautizado, invocando la santidad perfecta de su nombre, entonces, t� renaces en su carne sagrada y en su Esp�ritu Santo instant�neamente como ciudadano de Cana�n, para vivir en su reino de amor y
de riquezas interminables, para siempre.
Visto que, t� renacer�s bautizado en agua, para luego renacer del Esp�ritu Santo en Cana�n: entendiendo que, el bautismo en agua puede tomar lugar en la ba�era hogare�a, piscina, r�o o playa, invoc�ndolo a �l, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios
de Jacobo, pero el bautismo del Esp�ritu Santo toma lugar en Cana�n, por la perfecta voluntad de nuestro Padre celestial finalmente. En otras palabras, t� podr�s bautizarte en cualquier lugar de la tierra, en donde t� encuentres agua abundante, sumergi�
ndote en ella, invocando la perfecta santidad de su nombre, emerger�s en Cana�n, empezando as� t� a vivir con nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo: entonces, ya que t� has llegado a Cana�n, �l te bautizara a ti con su Esp�ritu
Santo luego.
Ahora, entendiendo que, para nuestro Padre celestial tenerte a ti, viviendo nuevamente con �l, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo, entonces, �l necesitaba levantarte a ti yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, renaciendo finalmente con �l en su
semilla santa, la carne de Isaac llena de vida eterna; para ello, �l te necesitaba renacido del vientre est�ril de Sarah, por su Esp�ritu Santo. Considerando que, el �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, no era solamente t�, pero igualmente cada
uno de familias de naciones antiguas y modernas necesitando renacer nuevamente, por eso, nuestro Padre celestial envi� a su Hijo Jesucristo desde el cielo arriba a renacer del vientre muerto de Sarah, por el Esp�ritu Santo, como Isaac (Mois�s e Israel),
entreg�ndote a ti vida nuevamente.
Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba rescatarte a ti junto con tus amados, vecinos y amistades, entonces, para lograrlo, �l divinamente necesitaba a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por su Esp�ritu Santo,
renaciendo seguidamente del desierto de Sina� con Mois�s e Israel antiguo como Isaac, pero mordido por serpientes de Satan�s, escapaste del infierno, la muerte y el pecado finalmente. Positivamente, nuestro Padre celestial te necesitaba regresando a �l
por su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo, porque t� naciste de su imagen y de su alma sant�sima, para vivir continuamente con �l, gozando de glorias, riquezas y poderes, que �l siempre ha gozado infinitamente, y as�, �l inmediatamente exaltar su santo
nombre fuegos contigo junto con tus amados hacia grandes glorias que las anteriores.
Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba empezar su nuevo reino de amor y de riquezas interminables, de donde riquezas de las familias antiguas y modernas de naciones del mundo entero hab�an terminado, y as�, �l empezar un nuevo reino lleno de nuevas
riquezas, que �l hab�a so�ado siempre conquistar con el Juramento a Isaac, entregado a sus hijos bautizados en agua ya todos ellos. Ya que, nuestro Padre celestial necesitaba empezar a vivir con sus hijos en su nueva tierra, en donde riquezas que hab�an
sido tocadas por Lucifer y sus �ngeles ca�dos fallaran en existir nuevamente en la eternidad, entendiendo que, con sus hijos, �l estar� otorgando nuevas riquezas nacidas de su coraz�n sant�simo, que solamente se manifestaran con ellos, renaciendo
milagrosamente de �l y del Esp�ritu Santo.
Por lo tanto, cuando Mois�s junto con Israel antiguo caminaron en el desierto, entonces, ellos jam�s vieron riquezas en todo lugar que ellos estuvieron, porque riquezas del mundo murieron con familias de naciones antiguas y modernas, para que nuevas
riquezas nazcan del Juramento a Isaac en su nuevo reino de amor, manifest�ndose contigo en abundantes glorias sin fin, poderes y santidades eternas hacia el infinito. Confidentemente, para nuestro Padre celestial en el Juramento a Isaac nuevas cosas
reemplazaran a antiguas, contaminadas por el pecado, presentando as� nuevas cosas, otorg�ndole a �l glorias, honras y poderes de perfecta santidad a su santo nombre fuegos en su nueva tierra, en donde t� junto con amados, vecinos y amistades vivir�s, goz�
ndote del amor puro e infalible de su coraz�n sant�simo hacia ti infinitamente.
Ciertamente, cuando Mois�s junto con Israel antiguo caminaba por el desierto de Sina�, entonces, ellos no encontraron agua ni vida, por donde sea que estuvieron en �l, porque cada uno de naciones antiguas y modernas estaba muerto ya en pecados, por no
haber conocido, servido y amado su santo nombre, por ende, agua y toda vida estaba muerta, hasta que todos renacieron como Isaac finalmente. Entendiendo que, al Mois�s junto con Israel antiguo bautizarse en el Mar Rojo, instant�neamente abandonaron cada
pecado, que todo Israel hab�a recogido de naciones antiguas y modernas en el cautiverio egipcio, invoc�ndolo a �l, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, todos juntos seguidamente caminaron hacia cada uno ya muerto en sus pecados,
yaciendo cerca de aguas amargas de Mara.
Verdaderamente, este �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, eras t� junto con tus amados, vecinos y amistades en necesidad de renacer del bautismo en agua, para finalmente participar del pan y vino de la Mesa del Se�or, servida siempre por su
Hijo Jesucristo a huestes angelicales, para mantenerlos santos y perfectos siempre hacia su santo nombre fuegos, en la gloria angelical. Oportunamente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Mois�s junto con Israel antiguo bautizados del Mar
Rojo, abandonando tus pecados junto con los de tus amados, vecinos y amistades tambi�n, porque ellos nacieron en el cautiverio egipcio recogiendo tus pecados, para luego ellos mismos bautizarse con ellos en agua por ti, y as�, t� vivas nuevamente,
bautizado ya con todos ellos, y justificado perpetuamente.
Es decir, que nuestro Padre celestial tom� tus pecados del cautiverio egipcio, porque t� jam�s lograr�as tomarlos en tu carne pecadora, por ello, Israel antiguo los recogi�, llev�ndolos al bautismo del Mar Rojo para abandonarlos, porque en carne de
Isaac todo pecado es destruido, pero jam�s en la carne pecadora, y as�, t� veas vida nuevamente sin pecados, enriqueci�ndote hasta que su reino venga. Visto que, t� estabas tendido cerca de aguas amargas de Mara, porque t� ya estabas condenado para el
infierno, sin poder jam�s bautizarte en agua, para abandonar todo pecado cometido en contra de nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo en la tierra entera; sin embargo, Israel naci� con la carne de Isaac para bautizarse por ti, en
el Mar Rojo, finalmente.
Realmente, nuestro Padre celestial conoce tu condici�n espiritual, yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, sin jam�s lograr bautizarte, porque tu carne pecadora ya se volvi� polvo, como arenal del desierto de Sina� eternamente, entonces, �l tuvo a su
Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por poderes del Esp�ritu Santo, con tu nuevo cuerpo que t� necesitas para vivir infinitamente. Es decir, que t� has nacido del vientre est�ril de Sarah con nuestro Se�or Jesucristo como
Isaac, por poderes del Esp�ritu Santo, obteniendo la carne sin pecados, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria, que t� necesitabas para no solamente recoger tus pecados del cautiverio egipcio, pero igualmente, derrotar a Satan�s, pecados, el
desierto, para comer finalmente de su Mesa: santa pan y vino siempre.
Provisto que, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por poderes del Esp�ritu Santo, para que t� recojas tus pecados del cautiverio egipcio, llev�ndolos al Mar Rojo, para vivir sin pecados,
porque t� junto con otros estabas cerca de aguas de Mara en necesidad del bautismo en agua que te entrega vida abundante, para siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial te necesitaba renaciendo del vientre muerto de Sarah como Isaac, por poderes del
Esp�ritu Santo, que es su Hijo Jesucristo contigo, ya seas t� musulm�n, hind�, isl�mico, budista, shinto, tao�sta, hebreo, cristiano u otros, y as�, t� mismo recojas tus pecados para abandonarlos en el bautismo del Mar Rojo con Mois�s e Israel antiguo,
viviendo nuevamente, eternamente justificado.
Misericordiosamente, nuestro Padre celestial te ama a ti abundantemente junto con tus amados, vecinos y amistades en la tierra entera, observ�ndote a ti en tu condici�n lamentable, yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, necesitando bautizarte en agua,
porque t� ya sin tu cuerpo pecador jam�s lograr�as este bautismo muy necesario, otorg�ndote vida nuevamente sin pecado alguno en la gloria angelical, finalmente justific�ndote eternamente. Francamente, nadie en la tierra pod�a bautizarse hasta que
nuestro Padre celestial tuvo a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de naciones antiguas y modernas, renaciendo del vientre est�ril de Sarah como Isaac con su Hijo Jesucristo, por su Esp�ritu Santo, recibiendo milagrosamente su semilla santa, como carne
sagrada, bautizada en agua, entreg�ndole a cada uno vida sin pecado alguno y con riquezas cotidianas siempre.
Ahora, entendiendo que, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre est�ril de Sarah como Isaac, yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, entonces, �l logr� que sus hijos recojan sus pecados en Egipto, para abandonarlos
finalmente, bautiz�ndose del Mar Rojo, seguidamente les entreg� su �nica vida eterna, escrita, como sus mandamientos de Mois�s e Israel, cumpli�ndolos todos ellos finalmente, para siempre. Verdaderamente, nuestro Padre celestial le otorg� sus santos
mandamientos a Mois�s en el desierto, porque �l junto con Israel antiguo se hab�a bautizado en el Mar Rojo con cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de naciones antiguas y modernas, finalmente cumpli�ndolos todos ellos en carne sagrada de Isaac, bautizado ya
en agua, entonces comieron man� y bebieron de la roca, pero sin pecado alguno siempre.
Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos de Israel y de naciones antiguas y modernas, bautizados con el bautismo del Mar Rojo, para vivir nuevamente, aunque ellos yac�an cerca de aguas amargas de Mara ya por milenios, y seguidamente todos
coman de su man� y beban de su roca, descendiendo del cielo arriba cada d�a, para derrotar serpientes venenosas de Satan�s finalmente perpetuamente. Francamente, nuestro Padre celestial s�lo ve su santo nombre fuegos eternamente amado, servido, honorado
y exaltado en sus hijos de Israel y de las naciones enteramente en su semilla santa, que es Isaac naciendo contigo hacia la gloria celestial, eternamente justificado, participando cotidianamente del man� con bebidas de su roca, entreg�ndoles a todos su
cuerpo glorificado, para ser uno con �l siempre, en la eternidad.
Por eso, es que fue importante para nuestro Padre celestial tener a Mois�s junto con Israel antiguo llegando a aguas de Mara, considerando que, �l necesitaba levantar el �rbol yaciendo cerca de las aguas amargas, tir�ndola en ella, y las aguas se
endulcen inmediatamente, calmando la sed de todos ellos junto con familias antiguas y modernas de naciones de la tierra entera, para siempre. Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba a Mois�s e Israel antiguo ya bautizados del Mar Rojo, abandonando
pecados de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de naciones antiguas y modernas de aguas amargas de Mara, ca�dos todos muertos, sin lograr jam�s el cuerpo sagrado de Isaac, bautizado ya, entreg�ndoles la carne sagrada del Padre del cielo arriba, para vivir
nuevamente siempre enriquecidos en la tierra entera.
En otras palabras, nuestro Padre celestial le ha provisto a cada miembro de naciones antiguas y modernas su carne sagrada ya bautizada, ca�do cerca de aguas amargas de Mara, porque eran muy amargas para el bautismo, removiendo pecados, ni menos pod�an
beberlas, entonces, todos estuvieron muertos y sedientos en el infierno, perdidos eternamente, hasta que la carne de Isaac lleg�, redimi�ndoles de sus problemas finalmente. Ahora, nuestro Padre celestial con cada miembro de familias de naciones antiguas
y modernas comiendo man� y bebiendo de la roca de salvaci�n, descendiendo del cielo arriba, entonces, �l los vio vivos en su carne sagrada, comiendo de �l su cuerpo glorificado, derrotando a serpientes venenosas del desierto de Sina�, pero tambi�n
destruyendo a Satan�s en Cana�n, y su salvaci�n sea posible para todos postreramente.
Definitivamente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos de Israel y de toda naci�n entrando en Cana�n, ya victorioso sobre Satan�s, serpientes, pecados, maldiciones, brujer�as, �ngeles ca�dos y el infierno, finalmente poseyendo el mundo para su
reino de amor y de riquezas incre�bles, d�ndole su bienvenida a �l, su Hijo Jesucristo, su Esp�ritu Santo junto sus �ngeles, para vivir siempre amados por �l una eternidad. Sin embargo, antes que nuestro Padre celestial tenga a Israel antiguo junto con
naciones antiguas y modernas entrando en Cana�n eternamente victoriosos sobre serpientes venenosas de Satan�s, entonces, ellos necesitaban descender a postes infernales sangrando, para esperar por el Mes�as que nazca y sea bautizado en el Jord�n por Juan
el Bautista, entrando as� finalmente en la gloria celestial con ese bautismo importante, eternamente justificados.
Este bautismo, por Juan, fue importante para el �rbol yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, fallando siempre en bautizarse del Mar Rojo, para descender a postes infernales, mordidos y sangrando por serpientes venenosas del desierto, pero igualmente
fallando siempre en bautizarse del Jord�n, para entrar a la Sinagoga de Jerusal�n en su Lugar Sant�simo, como la �ltima parada para salvaci�n de la humanidad entera. Realmente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a Israel antiguo con la
humanidad entera bautizados del Mar Rojo, para comer del man� y vino del cielo arriba, para pararse sobre postes infernales mordidos y sangrando por serpientes venenosas, esperando al Mes�as de la hija virgen de David junto con su semilla santa, plantada
en Cana�n, levantando la cruz con salvaci�n eterna para todos perpetuamente.
Misericordiosamente, al nuestro Padre celestial tener la humanidad entera yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, recibiendo su carne sagrada ya bautizada del Mar Rojo, para comer man� y beber de su roca, seguidamente su semilla santa una con sus hijos
fue plantada en Cana�n para su cruz y en la hija virgen de David para su Mes�as vivir nuevamente con ellos, infinitamente enriquecidos siempre. Puesto que, nuestro Padre celestial logra tener a Mois�s con Israel antiguo integrados a la humanidad entera
yaciendo cerca de aguas amargas de Mara, entreg�ndoles la carne de Isaac sin pecados, porque pecados recogidos por cuatrocientos a�os fueron lavados en el Mar Rojo, recibiendo seguidamente sus mandamientos, para finalmente amar, honorar y exaltar su
santo nombre siempre, pero sin �l ver jam�s amor en ellos.
Por eso, nuestro Padre celestial necesitaba que Israel antiguo junto con familias de naciones antiguas y modernas, que hab�an participado del man� y de bebidas de la roca, est�n sangrando sobre postes infernales, por mordidas de serpientes venenosas del
desierto, por ende, plantando su semilla santa en Cana�n, entonces lograr�an manifestarle amor a �l con todo el coraz�n, desde tierra santa, en sus pa�ses. Presentemente, es solamente en Cana�n, en donde nuestro Padre celestial conocer� que t� lo amas a �
l, a su Hijo Jesucristo y a su Esp�ritu Santo, porque �l descender� all� con su reino angelical para vivir con sus hijos de Israel y de las naciones juntos en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, otorg�ndoles vida, riquezas y paz sobre la
tierra entera �ltimamente.
Esto es correcto. Nuestro Padre celestial solamente conocer� que t� lo amas a �l en Cana�n, porque el pecado no existe all� hasta hoy, por ende, su mano derecha plant� su semilla santa en Cana�n, descendiendo de la gloria angelical, como man� con
bebidas de la roca, y as�, todos abandonen el infierno, renaciendo finalmente en Cana�n, como su cruz sobre la tierra con salvaci�n eterna, salv�ndolos poderosamente. Contrariamente, nuestro Padre celestial siempre fallar� en conocer que t� lo amas, ya
seas musulm�n, budista, shinto, tao�sta, cristiano, hebreo, isl�mico u otros, porque �l solamente sabr� que t� lo amas a �l, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo en su carne santificada, bautizada del Mar Rojo para el mundo, y bautizada del Jord�n por
Cana�n y su vida enriquecida en su nueva tierra.
Por lo tanto, nuestro Padre celestial tendr� finalmente el reino angelical descendiendo con Israel antiguo enteramente con los �ngeles para vivir en Cana�n, porque es �nicamente all�, en donde �l conoce que t� lo amas a �l junto con su Hijo Jesucristo y
su Esp�ritu Santo, pero igualmente los �ngeles�seriamente, cada antiguo y moderno necesita demostrarle amor hacia �l en Cana�n �ltimamente. Verdaderamente, cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de naciones antiguas y modernas del infierno vera vida nuevamente,
porque nuestro Se�or Jesucristo dijo que ellos vivir�n, creyendo en �l, como la carne sagrada, dado que, �l es la vida y la resurrecci�n, y nadie vera al Padre excepto por �l, porque esperando estar� Dios en Cana�n por el amor de todos, viniendo hacia �l
abundantemente finalmente.
Por eso, fue importante para el Mes�as nacer de la hija virgen de David con el cuerpo glorificado, recibido por ti junto con tus amados, vecinos y amistades en el desierto de Sina�, cuando Mois�s se uni� contigo en la carne sagrada de Israel antiguo,
bautizado del Mar Rojo, por ello, sin tus pecados, t� te hiciste uno con el Mes�as finalmente en Cana�n infinitamente. Ciertamente, al nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo naciendo como Isaac contigo del vientre est�ril de Sarah, por el Esp�
ritu Santo, recogiendo tus pecados del cautiverio egipcio para el bautismo del Mar Rojo, finalmente removi�ndolos de ti para siempre, entonces, �l te necesitaba a ti como uno no solamente por el desierto, pero igualmente en Cana�n, para t� lograr
riquezas continuamente siempre.
Por su gracia, nuestro Padre celestial necesitaba ver a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de Israel juntos con familias de naciones antiguas y modernas perfecto y santo, as� como �l en la gloria angelical por medio de su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu
Santo, logrando as� finalmente su voluntad perfecta en la tierra entera contigo como musulm�n, budista, shinto, tao�sta, hebreo, cristiano y dem�s. Entendiendo que, para nuestro Padre celestial verte a ti perfecto y santo en su carne sagrada, que es
Isaac presentemente contigo en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, enriqueci�ndote a ti diariamente, bendiciendo tu pa�s sin importar tu fe religiosa de siempre, entonces, �l estar� lav�ndote continuamente a ti con su sangre expiatoria, limpi�
ndote progresivamente, y riquezas vengan hacia ti incesantemente siempre.
Consiguientemente, es la voluntad perfecta de nuestro Padre celestial que t� est�s con �l y con su Esp�ritu Santo en el Lugar Sant�simo de la sinagoga de Jerusal�n como Isaac, logrando �l as� una relaci�n perfecta contigo, comiendo t� con �l su pan y
vino, leyendo palabras vivas de su Biblia, habladas con su boca hacia ti, amados, vecinos y amistades para bendiciones cotidianas siempre. Hist�ricamente, as� es como nuestro Padre celestial ha trabajado siempre con Israel y con sus patriarcas, profetas,
su Hijo Jesucristo, como cordero de Abraham y �ltimamente como Cordero de Israel tomando los pecados del mundo, recibiendo a familias antiguas y modernas en el Lugar Sant�simo para trabajar con ellos con su perfecta voluntad, pero con todos ellos
bautizados en agua, en sus pa�ses natales.
Sinceramente, bautizado en agua, invoc�ndolo a �l, como Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacobo, entonces, t� abandonaras la carne pecadora y el esp�ritu de error por la carne sagrada de Isaac y llena del Esp�ritu Santo, parado permanentemente
ante �l en su Lugar Sant�simo estar�s t�, lav�ndote �l a ti diariamente, y riquezas vengan hacia ti progresivamente en tu pa�s natal. Evidentemente, nuestro Padre celestial necesita enriquecerte, cuando Satan�s necesita empobrecerte, entendiendo que, �l
estar� descendiendo hacia Cana�n con sus hijos de Israel y de naciones antiguas y modernas, parados todos ellos ante �l como Isaac en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, en Israel, pero presente tambi�n �l en tu pa�s para limpieza cotidiana,
enriqueci�ndote a ti hasta enriquecer la tierra entera finalmente.
Positivamente, nuestro Padre celestial te necesitaba rescatado del desierto de Sina�, que es el mundo de eterna pobreza para ti, amados, vecinos y amistades igualmente, que �l te necesitaba renacido para ver vida nuevamente, entonces, �l envi� a su Hijo
Jesucristo como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por su Esp�ritu Santo, ascendiendo finalmente t� del infierno hacia su Lugar Sant�simo, enriqueci�ndote as� continuamente siempre. Efectivamente, al nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo
como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por el Esp�ritu Santo, entonces, salieron tus pecados del cautiverio egipcio de cuatrocientos a�os para bautizarte en el Mar Rojo, finalmente entreg�ndote su cuerpo glorificado, en donde �l jam�s pec� ni t�
tampoco, accediendo as� t� Cana�n ahora mismo, gozando riquezas de su vida en tu pa�s natal.
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