• Re: (IV�N):Man� de la gloria angelical hemos comido, recibiendo el cuer

    From BIKMOQ@21:1/5 to [email protected] on Mon Nov 1 19:26:54 2021
    On Fri, 29 Oct 2021 20:09:30 -0700 (PDT), "Elio I. Valarezo" <[email protected]> wrote:

    O cocodo con pes de porco � moi bo, est� caralludo, de pvta nai.



    S�bado, 30 de Octubre, 2021 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador-Iberoam�rica


    (Cartas del cielo son escritas por Iv�n Valarezo)


    Man� de la gloria angelical hemos comido, recibiendo el cuerpo glorificado del Padre, amando enriquecernos cada d�a, y por siempre:


    Soberanamente, nuestro Padre celestial necesitaba tener a su Hijo Jesucristo entrando al Lugar Sant�simo de su dulce hogar, que es Jerusal�n, en Cana�n, con cada hijo suyo de Israel y de las familias de las naciones con su cuerpo glorificado, que �l hab�
    a provisto ya, como su semilla santa: la carne sin pecados, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria, para ver vida nuevamente siempre. Amorosamente, nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo Jesucristo naciendo en Cana�n, llevando a sus
    hijos de Israel y de la humanidad entera hacia su presencia sant�sima, que es su vida eterna, derrotando a Satan�s, y la muerte en el cielo, en el para�so, pero ahora �l necesitaba derrotarlo con su pecado y muerte eterna en Cana�n, y sus hijos vean vida
    nuevamente infinitamente.


    Misericordiosamente, nuestro Padre celestial hab�a creado cielos y tierra con riquezas que enriquecer�n a sus hijos, y ellos enriquezcan su santo nombre fuegos sobre la cruz del monte de Jerusal�n, en Cana�n, finalmente conquistando nuevas riquezas,
    glorias y poderes por generaciones venideras, enriqueciendo as� su nuevo reino con riquezas nunca antes vistas, exalt�ndolo a �l mucho m�s que antes por una nueva eternidad angelical. Y para lograrlo, entonces nuestro Padre celestial necesitaba a su Hijo
    Jesucristo nacido ya en Cana�n, para �l mismo vivir con sus hijos naciendo de Abraham, como su �nico hijo Isaac viviendo ya con su carne sagrada, los huesos inquebrantables y la sangre expiatoria, enriqueciendo la tierra, pero igualmente, destruyendo a
    Satan�s, �ngeles ca�dos y la muerte finalmente perpetuamente en el lago de fuego.


    Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba reiniciar su vida con su Hijo Jesucristo y con su Esp�ritu Santo en cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de Israel y de las naciones, para �l tener a su santo nombre fuegos amado, exaltado y glorificado con sus
    hijos que hab�an nacido de su imagen y alma sant�sima, �nicamente conociendo: amor, prosperidad, riquezas y alegr�as interminables para siempre. Realmente, para nuestro Padre celestial conquistar a cada hijo suyo perdido por Ad�n hacia Satan�s y los �
    ngeles ca�dos para ser muertos por el �ngel de la muerte en el infierno tormentoso, porque ellos murieron con el fruto prohibido, que comieron Ad�n y Eva, del �rbol de la ciencia del bien y del mal, entonces, �l necesitaba derramar todo su coraz�n sant�
    simo en Cana�n.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial necesitaba derramar su coraz�n sant�simo sobre ti, salv�ndote as� del pecado de Satan�s y de la muerte, que ten�an el infierno preparado para ti y tus amados, y as�, t� jam�s veas la perdici�n eterna, porque poderes
    asombrosos de su coraz�n amoroso, que Satan�s hasta hoy no entiende, entonces te salvar�an, rescat�ndote del mal, bendici�ndote con vida abundante, ya eternamente enriquecida. Efectivamente, para nuestro Padre celestial salvarte a ti de Satan�s, del
    pecado, de la muerte y del infierno, entonces, �l necesitaba que el vientre est�ril de Sarah, esposa de Abraham, le d� un hijo, logrando as� que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac con la carne sagrada y con la sangre expiatoria para quitar el pecado�
    pero quitarlo del coraz�n de la tierra perpetuamente.


    Ahora que, nuestro Padre celestial logra tener a su Hijo Jesucristo del vientre est�ril de Sarah, por su Esp�ritu Santo, entonces sus hijos nacieron de ella para descender al Valle de los huesos secos, como el coraz�n muerto de la tierra, como el
    vientre est�ril de la tierra, d�ndole vida nuevamente a su Hijo Jesucristo, resucit�ndolo en el Tercer D�a con perfecta salvaci�n para todos. Considerando que, el coraz�n sant�simo de nuestro Padre celestial hab�a estado sufriendo, muriendo y llorando
    por sus hijos, que �l hab�a perdido hacia Satan�s, �ngeles ca�dos y la muerte, descendiendo ya a postes del infierno para siempre maldecidos por Satan�s, �ngeles ca�dos y la muerte, porque fallaron de bautizarse en agua para invocar la perfecta santidad
    de su santo nombre fuegos antes de fallecer.


    Definitivamente, nuestro Padre celestial pudo haberlos salvados a todos ellos del pecado con tan s�lo obedecer a su llamar constante para ser bautizados en agua, que �l enviaba a sus �ngeles, ayud�ndolos a entender que era necesario bautizarse, y as�,
    ellos no fallezcan maldecidos por el pecado, viendo vida siempre en sus d�as ascendiendo hacia la gloria celestial, eternamente justificados para la eternidad venidera. Visto que, familias de las naciones de aquellos d�as fallaron en entender el bautismo
    en agua de nuestro Padre celestial, para escapar del mal que el pecado puede traer a sus vidas junto con sus amados, vecinos y amistades, entonces, el pecado se expandi� por la tierra entera, que parec�a que era imposible detenerlo, haciendo que la
    tierra siga llen�ndose de tinieblas para siempre.


    Realmente, cada hombre, mujer, ni�o y ni�a fue violento en sus d�as, que se tornaron imparables con sus maldades, porque cada uno continuaba destruyendo toda vida humana, de una manera u otra, atacando familias inocentes, familias dispuestas a vivir una
    vida bendita ante nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo�pero sin bautizarse en agua�porque fallaban todos en entenderlo siempre. Esto fue algo, que iba hiriendo el coraz�n sant�simo de nuestro Padre celestial, porque ninguno
    buscaba amar, bendecir o ayudar a otros, en verdad, solamente buscaban el bienestar de ellos mismos y de sus amados, sin manifestar amor alguno hacia los dem�s, que la violencia sigui� creciendo sin control, que ten�a que ser detenido por poderes nunca
    antes vistos en la tierra entera.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial pudo haberlos ayudado, si ellos hubiesen obedecido a su llamado a bautizarse en agua, invocando su santo nombre, porque esto fue algo que �l mismo ya le hab�a revelado a Abraham, como cuando le dec�a, que �l ten�a
    que ser perfecto y santo, as� como �l en la eternidad�y esto es s�lo posible para cada uno bautizado en agua. Definitivamente, este es el bautismo en agua de nuestro Padre celestial, entregado a todos ellos inicialmente, lav�ndose ellos mismos de males
    cometidos en todos sus d�as, y as�, ellos contin�en viviendo una vida bendecida, que le hab�a sido entregada ya a la humanidad entera, empezando con Ad�n y Eva en el para�so, pero ellos necesitaban bautizarse para entrar en ella finalmente, eternamente
    enriquecidos.


    Realmente, nuestro Padre celestial hizo que Ad�n y Eva abandonen el para�so para vivir su vida normal en la tierra, por pecar en contra de �l, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo comiendo del fruto prohibido, por ende, ellos necesitaban reiniciar sus
    vidas nuevamente, bautiz�ndose en agua �nicamente, porque la carne pecadora muere por la carne sagrada para vivir una vida enriquecida continuamente siempre. Misericordiosamente, Ad�n y Eva junto con sus hijos fueron puestos en la tierra por nuestro
    Padre celestial, porque en ella hay cuerpos de agua, como oc�anos, mares, r�os, lagos, piscinas y ba�eras en casas, sumergi�ndote t� en el agua, emergiendo limpio de pecado en Cana�n, en donde el pecado no existi� jam�s, entonces conocer�s �nicamente:
    amor, paz, prosperidad y riquezas toda una vida entera.


    Ciertamente, nuestro Padre celestial les entreg� a Ad�n y a Eva junto con sus hijos una tierra de agua con veinte porcientos de tierra para que toda vida florezca por generaciones futuras, pero solamente bautiz�ndose en agua, invocando la perfecta
    salvaci�n de su nombre bendito, escapando finalmente de la carne pecadora por la carne sagrada, en donde riquezas florecer�n como en la gloria angelical. Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba hacer su voluntad perfecta en el para�so con Ad�n y Eva,
    pero si ellos hubiesen permanecido en su carne sagrada y en su Esp�ritu Santo, porque es �nicamente en su carne sin pecados en donde �l logra siempre sus milagros cotidianos, enriqueciendo toda vida en la gloria angelical y en la tierra entera igualmente
    de nuestros d�as.


    Es decir, dado que: si Ad�n y Eva junto con sus hijos por generaciones venideras se bautizasen en agua, invocando la perfecta santidad de su nombre bendito para perd�n, sanidad, salvaci�n, bendiciones y riquezas sin fin para gozarlas cada d�a hasta que
    su reino venga, bendiciendo la humanidad entera y la tierra entera, entonces, �l vivir� con nosotros siempre toda una vida eterna entera feliz. Verdaderamente, la voluntad divina de nuestro Padre celestial seria perfecta siempre sobre la tierra entera
    con su carne sagrada y con su Esp�ritu Santo, como con sus hijos de Israel y de las naciones bautizados en agua, logrando su voluntad perfecta instant�neamente en la tierra, as� como con sus �ngeles del cielo, conquistando siempre nuevas riquezas,
    poderes y glorias nunca vistas antes por nadie.


    Indiscutiblemente, nuestro Padre celestial lograra su perfecta voluntad contigo, amados, vecinos y amistades con su carne sagrada, otorgada por �l a cada uno por medio de su Hijo Jesucristo, nacido como Isaac del vientre est�ril de Sarah, por el Esp�
    ritu Santo, porque es �nicamente en su carne ungida que su perfecta voluntad es lograda con sus hijos y �ngeles en la gloria eterna de siempre. Consiguientemente, lo mismo es verdad actualmente en cada familia de las naciones, no importando jam�s su
    creencia religiosa, porque nuestro Padre celestial ha declarado perfecto, santo y virgen a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de Israel junto con la humanidad entera, rescatada del desierto de Sina�, cuando Mois�s lleg� con Israel antiguo para endulzar
    aguas amargas de Mara con el �rbol yaciendo cerca.


    Realmente, nuestro Padre celestial lleva su voluntad perfecta con sus hijos junto con �ngeles en la carne sin pecados, nacida de �l, como Isaac del vientre est�ril de Sarah y de la hija virgen de David, en ambos casos en Cana�n, por el Esp�ritu Santo,
    obteni�ndola t� bautizado en agua, manifestando su voluntad perfecta del cielo en la tierra entera contigo, enriqueci�ndola t� progresivamente siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial estableci� a Ad�n y a Eva junto con sus hijos en la tierra para
    bautizarse en agua, porque llena est� de agua, sumergi�ndote t�, emerger�s instant�neamente del Jord�n en Cana�n con �l y con su Esp�ritu Santo junto contigo, vistiendo carne sin pecados, en donde su voluntad perfecta es lograda en la gloria angelical y
    en la tierra instant�neamente siempre.


    F�sicamente, nuestro Padre celestial am� tanto al mundo entero, que �l nos ha dado a su Hijo Jesucristo, para que todo aquel que crea en �l, jam�s muera, m�s bien, tenga vida eterna abundantemente, porque �l no envi� a su Hijo amado a condenarlo, sino a
    salvarlo con su bautismo en agua, que quienquiera cumplirlo, invocando su santo nombre en nuestros d�as, vivir� siempre enriquecido. Legalmente, la Escriptura declara que nuestro Padre celestial amo al mundo entero, confi�ndonos a su Hijo Jesucristo para
    creer en �l en su carne sin pecados, ba�ada con su sangre expiatoria llena de vida, derrotando a Satan�s y la muerte en el cielo y en Cana�n, pero ahora, �l necesita derrotarlo contigo en tu naci�n, bautiz�ndote en agua, y sus glorias vendr� a ti siempre.


    Aqu�, el llamado de nuestro Padre celestial es al bautismo en agua, agua llenando la tierra entera, porque es en su carne sagrada y llena de su amor infalible, derram�ndose de su coraz�n sant�simo sobre Isaac, que cuando te bautizas, entonces, t� eres
    Isaac en su carne sagrada e hijo leg�timo, nacido de �l, am�ndolo infinitamente con su santo nombre fuegos toda una vida entera. Indiscutiblemente, Juan 3:16 llama al bautismo en agua no solamente para todo Israel, disperso por el mundo entero con su
    Sinagoga de Jerusal�n, pero igualmente para cada hombre, mujer, ni�o y ni�a gentil, sin importar fe religiosa: porque �l ya ha perdonado, expiado y cubierto todo pecado de Ad�n y de Eva con sus hijos de toda generaci�n en contra de �l, redimi�ndolos
    finalmente.


    Como en d�as de No�, para nuestro Padre celestial violencias que Satan�s junto con sus �ngeles ca�dos estaba causando sobre familias de las naciones necesitaba ser derrotada y detenida inmediatamente con un bautismo en agua, conocido como el diluvio de
    No�, matando toda carne de hombres y de animales igualmente, porque �l reiniciar�a su vida con sus hijos, pero sin Satan�s y sin el pecado. En aquellos d�as, nuestro Padre celestial logr� destruir a Satan�s, �ngeles ca�dos y la muerte, porque �l mismo
    logr� destruir a toda gente malvada, como las que estaban causando violencias sobre familias de las naciones, pero igualmente, �l pudo enviar a Satan�s y a �ngeles ca�dos junto con la muerte al infierno tormentoso, y su paz asombrosa reine por fin sobre
    toda la tierra.


    Realmente, hoy en d�a, nuestro Padre celestial ha logrado que su paz asombrosa llene la tierra entera, porque cada hombre y mujer causando violencia muri� en d�as del diluvio de No�, para el descender de su Esp�ritu Santo, porque durante aquellos d�as
    violentos fue imposible para �l hacer que su Esp�ritu descienda hacia sus hijos, bendici�ndolos con su amor, paz y riquezas interminables. Ciertamente, el diluvio de No� bautiz� la tierra entera junto con su humanidad, y su Esp�ritu Santo descienda,
    preparando la tierra entera para el nacimiento de su Hijo Jesucristo del vientre est�ril de Sarah, por el Esp�ritu Santo, entreg�ndonos la carne sin pecados y la sangre expiatoria de Isaac, pero igualmente a Israel para destruir el pecado en la Sinagoga
    de Jerusal�n, en Cana�n.


    Sinceramente, nuestro Padre celestial iba a tener a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre est�ril de Sarah no solamente para quitar el pecado del mundo, por cuatrocientos a�os de cautiverio egipcio en el Mar Rojo, pero igualmente para �l tener su
    santo nombre fuegos apropiadamente amado, servido y glorificado por Israel en cada S�bado de su Sinagoga de Jerusal�n en las naciones. Adicionalmente, fue la voluntad perfecta de nuestro Padre celestial de enriquecer la tierra entera, pero para
    enriquecerla, entonces, �l necesitaba empezar bendiciendo familias, y aqu� �l trabajo con Abraham, logrando que su Hijo Jesucristo nazca como Isaac en su familia, e Israel nazca para quitar el pecado y sus riquezas fluyan hacia cada hombre, mujer, ni�o y
    ni�a, sin importar jam�s ninguna fe religiosa.


    Seriamente, nuestro Padre celestial necesita enriquecer la tierra entera con su carne sagrada, saliendo de �l, como Isaac del vientre est�ril de Sarah para luego renacer de la hija virgen de David para cada hombre, mujer, ni�o y ni�a, obtenerla tambi�n (
    carne honrada), pero solamente bautiz�ndose en agua para tener paz en la tierra entera, como en d�as de No� y su diluvio, su bautismo. Ya que, no hay paz para el imp�o, nuestro Padre celestial lo ha declarado en sus Escrituras, como cuando le hablaba a
    Mois�s y a sus profetas en cada generaci�n: e Israel renazca con su bautismo en agua, como por donde est�n dispersados en la tierra, abandonando la carne pecadora por la carne sagrada, en donde existe la vida real siempre y sin pecados.


    Vemos que, ya bautizado Israel enteramente entonces nuestro Padre celestial usara poderes del Juramento a Isaac siempre, operando con su Esp�ritu Santo en cada hombre, mujer, ni�o y ni�a ya bautizados en agua, invoc�ndolo a �l, como Dios de Abraham,
    Dios de Isaac y Dios de Jacobo, bendici�ndolos finalmente con riquezas inagotables, enriqueciendo la tierra entera grandemente, como nunca antes hacia la eternidad venidera. Positivamente, Satan�s aun pela con tinieblas, como familias brujas,
    empobreciendo la tierra entera, porque �l necesita destruir a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a nacido de la imagen de nuestro Padre celestial, haci�ndolos siempre poderosos, porque bautizados en agua entonces ellos son perfectos y santos ya, as� como �l
    eternamente: amando, sirviendo y exaltando su santo nombre con perfecta santidad diariamente, y riquezas desciendan siempre.


    Evidentemente, con hijos de nuestro Padre celestial de Israel y de las familias de las naciones bautizados ya en agua, entonces, Satan�s estar�a enfrentado a poderes del Juramento a Isaac que siempre ha fallado en entenderlos hasta hoy, que �l se sentir�
    confundido con sus familias brujas en la tierra entera, porque sus brujer�as ya no funcionan sobre los que est�n bautizados en agua. Y es aqu�. Cuando nuestro Padre celestial manifestara su perfecta voluntad en cada hijo suyo bautizado ya en su hogar,
    lugar de trabajo y lugares que frecuenta siempre, porque con el Juramento a Isaac Satan�s junto con sus esp�ritus inmundos ha sido expulsado ya de Cana�n y de familias de las naciones, estableciendo as� su reino de amor eterno por sus hijos, empezando en
    Cana�n para siempre.


    Definitivamente, fue importante para nuestro Padre celestial tener a su Hijo Jesucristo naciendo del vientre de Sarah como Isaac, porque fue la carne sin pecados de Jacobo y de sus hijos por generaciones futuras, tray�ndola hacia ti hoy, como cuando
    ellos lo hicieron con Mois�s en el desierto de Sina�, destruyendo la hambruna de Satan�s, amenazando destruir la tierra y la humanidad entera siempre. Seriamente, Satan�s, la muerte y �ngeles ca�dos necesitaban destruirte a ti junto con tus amados,
    vecinos y amistades en el desierto de Sina�, porque en el cielo fue el para�so angelical antes de Eva comer del fruto prohibido con Ad�n, y t� as� jam�s conozcas riquezas, saliendo de nuestro Padre celestial, enriqueciendo la tierra entera contigo una
    eternidad entera, empez�ndolo todo contigo bautizado en agua.


    Adem�s, Satan�s estaba confiado que ning�n hombre, mujer, ni�o y ni�a jam�s abandonar�a el desierto de Sina�, porque serpientes venenosas esperaban morderlos en el d�a final, para jam�s abandonar su muerte del desierto para siempre, porque una vez
    abandon�ndolo entonces ellos serian enriquecidos por el bautismo del rio Jord�n, bautizando Juan al Mes�as por ellos y por nosotros tambi�n hoy, en Cana�n, para la eternidad. Francamente, Satan�s pens�, que paralizando �l a Israel antiguo mordidos por
    serpientes venenosas del desierto de Sina�, entonces, ellos fallar�an en abandonar la muerte del infierno junto con cada hombre, mujer, ni�o y ni�a antiguo y moderno de familias de las naciones, conociendo �nicamente muerte una eternidad entera, como
    hizo con Eva virgen del para�so, haciendo que Ad�n junto con sus hijos pequen postreramente.


    Sin embargo, no importando jam�s si Satan�s hubiese paralizado a Israel antiguo con la humanidad entera hambrienta en el desierto: destruida y perdida, entonces, aunque cada israel� mordido por serpientes venenosas, como Eva lo fue en el para�so,
    haciendo que Ad�n y sus hijos, mueran, seguidamente descendieron a postes infernales sin pecado, esperando al Mes�as mordido por serpientes de bronce, finalmente conquistaron vida nuevamente eternamente. Tempranamente, nuestro Padre celestial tuvo a Mois�
    s junto con Israel antiguo caminando por el desierto de Sina� hacia aguas amargas de Mara, y �l tener a Mois�s levantando su �rbol yaciendo cerca del lugar, tir�ndolo seguidamente en aguas amargas, endulz�ndolas: endulzando familias antiguas y modernas
    de las naciones enteramente para Israel con Mois�s beberlas a ellas y por siempre comer man� por una eternidad entera.

    Entonces, nuestro Padre celestial tuvo a Mois�s, sigui�ndole a �l por el desierto, mostr�ndole, en donde encontrar agua, porque los israelitas estaban sedientos, como inicialmente en aguas amargas de Mara, en necesidad de beber nuevamente para las
    naciones antiguas y modernas, que ellos las hab�an bebido ya: seguidamente, las naciones pod�an beber de la roca de salvaci�n para no tener sed nuevamente en la eternidad. Entendiendo que, por cuanto Israel antiguo bebi� aguas vivas de la roca, entonces
    ellos no tuvieron sed nuevamente, porque ahora ellos com�an man� del cielo arriba, y beb�an de la roca, para ejecutar rituales y ceremonias del Juramento a Isaac con perfecta santidad, que necesitaban cumplir, haci�ndose uno con el Mes�as en su carne sin
    pecados finalmente con salvaci�n eterna toda una vida entera.


    Este es el cuerpo glorificado, emergiendo de nuestro Padre celestial, como el man� descendiendo de la Mesa santa, y de su boca, como cuando sentado estaba participando con su Hijo Jesucristo y con su Esp�ritu Santo de su alimento con sus amados, y esto
    incluye a Israel y a familias antiguas y modernas de las naciones, empezando contigo y con tus amados, como siempre. Asimismo, nuestro Padre celestial necesita asegurarse que sus hijos tienen su cuerpo glorificado, que ha descendido directamente de �l,
    su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo, siendo uno en Cana�n no solamente con su Hijo victorioso sobre Satan�s, la muerte y pecados, pero igualmente uno con �l en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, con la cortina sobre el suelo tendida ya.


    Por lo tanto, por el desierto de Sina� Mois�s junto con Israel antiguo tom� de aguas amargas de Mara, endulzadas por el �rbol ca�do cerca, lanzando en �l, endulzando a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de familias de naciones antiguas y modernas, adem�s
    de Israel, entonces comieron juntos del man�, como el cuerpo glorificado que necesitaba entrar a Cana�n, finalmente para ser redimido. Incondicionalmente, cada uno tambi�n necesitaba beber de la roca de salvaci�n juntos con Mois�s, Israel y familias
    antiguas y modernas de las naciones, porque ellos estar�an recibiendo el cuerpo glorificado en necesidad de ser mordidos por serpientes venenosas, pasando pruebas que Eva junto con Ad�n y sus hijos fallaron en el para�so, convirti�ndose todos en uno en
    la nueva tierra, eternamente justificados en Cana�n.


    Ciertamente, ya mordidos todos ellos por serpientes venenosas, que Satan�s junto con la muerte hab�a preparado para Mois�s, Israel y familias antiguas y modernas de las naciones, entonces, ellos descendieron a postes del infierno: perfectos y santos,
    con un cuerpo glorificado convirti�ndose en uno con el Mes�as y con nuestro Padre celestial igualmente en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, en Cana�n. Con convicci�n, fue importante para nuestro Padre celestial que cada hombre, mujer, ni�o
    y ni�a de Israel y de las naciones posean ya el cuerpo glorificado, logrando perfecci�n y santidad sobre postes del infierno para ser uno con el Mes�as, mordido finalmente con serpientes de bronce, derramando su sangre expiatoria, vivida ya por todos en
    Cana�n victoriosa sobre Satan�s, pecados, muertes y el infierno infinitamente.


    Sin embargo, aunque cada hombre, mujer, ni�o y ni�a antiguo y moderno de Israel y de las familias de las naciones hab�a logrado un cuerpo glorificado de nuestro Padre celestial, su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo en necesidad de entrar a Cana�n para
    ser uno con su Hijo amado, entonces, necesitaba el cuerpo glorificado renacer de un vientre virgen para ser aceptado perpetuamente. Divinamente, cada uno hab�a recibido el cuerpo glorificado de nuestro Padre celestial por el desierto de Sina�, comiendo
    mana del cielo arriba, adem�s, bebieron de la roca salvadora agua viva, entonces el cuerpo de cada uno fue perfecto y santo, pero no suficientemente virgen aun para entrar al Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n, para reencontrarse con el Padre
    celestial en perfecta santidad finalmente.


    F�sicamente, fue importante para nuestro Padre celestial no solamente plantar su semilla santa en Cana�n para cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de Israel y de las naciones antiguas y modernas, renaciendo todos en tierra santa: sin embargo, necesitaba la
    semilla santa renacer de la hija virgen de David para el Mes�as vivir nuestra vida personal, empez�ndola, victoriosa sobre Satan�s, muerte y pecados, en Cana�n. Ciertamente, el cuerpo glorificado de cada uno, recibido de nuestro Padre celestial, comiendo
    man� del cielo arriba diariamente, necesitaba ser mordido por serpientes venenosas antes de abandonar el desierto, adem�s, necesitaba renacer del vientre virgen de Eva, enga�ada por la serpiente, por ello, nosotros necesit�bamos renacer del vientre
    virgen con el Mes�as en Cana�n, derrotando a Satan�s, muertes y pecados para vivir nuevamente v�rgenes�sant�simos�eternamente.


    Legalmente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos renaciendo del vientre virgen de Eva en Cana�n, porque ella fue virgen en el para�so enga�ada por la serpiente, por ende, el cuerpo glorificado recibido del cielo arriba, mientras ya todos yac�
    an en el desierto, como en el infierno, perdidos, entonces nos hizo nuevamente perfectos y santos, al renacer de la hija virgen de David, salv�ndonos infinitamente. Inversamente, salvaci�n para la humanidad ser�a imposible para con cada hombre, mujer, ni�
    o y ni�a de naciones antiguas y modernas, empezando con Israel, porque nosotros necesit�bamos recibir nuestro cuerpo glorificado nuevamente del para�so, por el desierto de Sina�, como descendiendo sobre el infierno, porque camin�bamos sobre �l, perdidos
    siempre, para renacer del vientre virgen con el Mes�as, viendo vida con �l nuevamente en Cana�n.


    Realmente, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos de Israel y de las naciones viviendo su vida victoriosa sobre Satan�s con el Mes�as en Cana�n, pero jam�s derrotado en el para�so por la serpiente, como con Eva y con Ad�n, ambos v�rgenes, en
    necesidad de vivir en la tierra, esperando por el Mes�as redimirlos del infierno para vivir nuevamente, pero sin el pecado eternamente. Amorosamente, nuestro cuerpo glorificado, recibido de nuestro Padre celestial, descendi� como man� y agua viva de la
    roca, posey�ndolo nosotros eternamente, y necesitaba ser mordido por serpientes venenosas victoriosa sobre Satan�s, la muerte y el infierno, pero igualmente necesitaba renacer de la hija virgen de David, mordido por serpientes de bronce, para ver vida
    nuevamente en el Lugar Sant�simo de la Sinagoga de Jerusal�n finalmente.


    Adem�s, nuestro Padre celestial necesitaba a Ad�n y a Eva v�rgenes nuevamente en el para�so y en el cielo, porque su reino venidero de amor ama amar a sus hijos profundamente, empezando en Cana�n, en donde �l jam�s ve pecados en ellos, renacidos todos
    ellos del vientre virgen con el Mes�as infinitamente, as� como nosotros sus hijos leg�timos nacimos de su imagen virgen para la eternidad. Ahora, nuestro Padre celestial necesitaba a sus hijos renaciendo con su Hijo Jesucristo de la hija virgen de David
    con el cuerpo glorificado, apropiado en el desierto de Sina�, descendiendo como man� y agua de la roca diariamente, recibi�ndolo nosotros legalmente con rituales y ceremonias del Juramento a Isaac, entonces fue as� para hacernos v�rgenes nuevamente
    juntos todos con su Hijo Jesucristo y con su Esp�ritu.


    Por lo contrario, nuestro Padre celestial siempre fallar�a en vivir su vida gloriosa, so�ada toda una eternidad en la gloria angelical, vivirla con sus hijos nacidos v�rgenes inicialmente de su imagen y de su alma sant�sima, que solamente ama, honra y
    exalta su santo nombre una eternidad entera, pero igualmente, �l fallar�a en conquistar nuevas riquezas nunca antes vistas hasta hoy en la Creaci�n entera. Irrevocablemente, fue importante para nuestro Padre celestial bautizar a Israel antiguo del Mar
    Rojo, llevando su agua bautismal al coraz�n del mundo con la humanidad entera, rescatada del desierto de Sina� con su cuerpo glorificado, descendiendo como man� y agua de la roca, torn�ndose en su semilla santa, plantada en Cana�n y en el vientre virgen
    de Mar�a, para vivir en perfecta santidad siempre en ti.


    Ciertamente, este es el cuerpo glorificado de nuestro Padre celestial, entregado a ti, a tus amados, vecinos y amistades en la tierra entera, porque su Hijo Jesucristo fue clavado entrando a la Sinagoga de Jerusal�n, en las afueras de la Ciudad de David,
    salpicando su sangre expiatoria sobre tu cuerpo glorificado, recibido del reino angelical, para entrar al Lugar Sant�simo eternamente justificado finalmente. Y es aqu�. Cuando nuestro Padre celestial te recib�a a ti con su cuerpo glorificado, saliendo
    de �l, entregado ya a ti por su Hijo Jesucristo junto con tus amados, vecinos y amistades del mundo entero, considerando que, �l ha destruido el pecado de musulmanes, isl�micos, hind�s, budistas, tao�stas, shinto, cristianos, hebreos junto con otras
    religiones, obteniendo, entonces t� vida llena de riquezas cotidianas del cielo arriba repetidamente siempre.


    Realmente, bautizado con tus amados, vecinos y amistades en tu rio local, piscina, playa y aun en tu ba�era hogare�a, entendiendo que, sumergi�ndote en agua, entonces, inmediatamente t� emerger�s en Cana�n con nuestro Padre celestial, viviendo ya la
    vida virgen del Mes�as, nacida con tu cuerpo glorificado: derrotando a Satan�s, pecados, muertes, infierno y el mundo entero �nicamente para conocer amor, victorias y riquezas siempre. Ciertamente, nuestro Padre celestial tuvo a su Hijo Jesucristo
    naciendo en tu cuerpo glorificado, descendiendo de �l, como man� y bebida de la roca, finalmente plantada en la hija virgen de David, para el nacimiento virgen del Mes�as contigo, seguidamente t� fuiste bautizado con tu cuerpo glorificado del Jord�n: y t�
    sigas siendo lavado diariamente limpio, perfecto y santo hasta ver su reino en Cana�n.


    Por lo contrario, nuestro Padre celestial fallar�a en verte a ti, para recibirte, como su hijo leg�timo, porque inicialmente t� naciste de su imagen perfecto, santo y virgen perpetuamente con su cuerpo glorificado y lleno de vida y de su Esp�ritu Santo,
    conociendo �nicamente: amor, paz, alegr�as y riquezas sin fin que honran, exaltan y glorifican su santo nombre en la gloria angelical siempre. Legalmente, sabemos que nuestro Padre celestial te entreg� ya a ti su cuerpo glorificado por Mois�s e Israel
    antiguo en el desierto de Sina�, ejecutando rituales del Juramento a Isaac para plantar tu semilla santa en Cana�n, pero igualmente plantarla en la hija virgen de David, viviendo el Mes�as tu vida victoriosa sobre Satan�s en la tierra entera: redimi�
    ndote, enriqueci�ndote, logrando tu felicidad finalmente para siempre.


    Ahora, nuestro Padre celestial tuvo a cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de Israel y de antiguas y modernas naciones perfectos, santos y v�rgenes con su Isaac renaciendo de la hija virgen de David, como su Hijo Jesucristo nuevamente, porque �l enriquecer�
    la tierra entera contigo, riquezas nacidas de �l en la gloria angelical, en Cana�n y en la nueva tierra para su reino venidero. Tempranamente, nuestro Padre celestial llam� a Abraham a su bautismo en agua junto con sus hijos de generaciones futuras,
    incluyendo al Mes�as, en Cana�n, porque �l necesitaba ser perfecto, santo y virgen, as� como �l lo ha sido siempre ante su Hijo Jesucristo y su Esp�ritu Santo junto con huestes angelicales toda una eternidad entera, logrando que su reino angelical
    descienda sobre la tierra postreramente.



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